La chancleta asesina

Hace un par de semanas escribí acerca de los animalillos nocturnos que vienen a visitarnos por las noches. En la versión inglesa del blog, terminaba el texto con algunas reflexiones sobre qué hacer para prevenir encuentros desafortunados (es decir que el animal te muerda, pique o escupa) y qué hacer cuando el encuentro es inevitable. 

Mi conciencia ecológica me indica que no son los bichitos los que entran en nuestra casa sino que somos nosotros, los humanos, los que estamos invadiendo su territorio. Buscamos estar en medio de la naturaleza, disfrutar de los sonidos de los pájaros, las visitas de los monos, los tucanes y el paso de iguanas por nuestro porche. Pero no soportamos las arañas, los escorpiones, hormigas, serpientes y demás animalillos que también viven en ese territorio que hemos invadido con nuestras construcciones. Así que mi conciencia ecológica me dicta que hay que dejar vivir a todos los animalillos en paz (excepto a las cucarachas, por supuesto). En el 99,9% por ciento de las ocasiones, si les dejas en paz, siguen su camino y desaparecen. Tienen tan poco interés en interactuar con los humanos como la mayoría de nosotros con ellos. 

El problema es que mi conciencia ecológica reside en mi cerebro y éste último necesita café para activarse. Es decir, en los minutos que transcurren entre que me despierto y tomo café, mi cerebro y por ende mi conciencia ecológica está anestesiada. 

Y es en esos momentos en los que mi chancleta asesina hace de las suyas. Me explico. 

El otro día me despierto a las 6, como siempre, para darle la insulina a Matilda. La doy de comer, la pincho y salgo, todavía con un ojo medio cerrado a darle de comer a Manchita. Y al ir a coger su comedero descubro que lo que parece una hojita en el borde de su comedero es, en realidad, un escorpión. Todavía estaba procesando la información y pensando qué hacer cuando…ZAS! la chancleta asesina asesta un golpe mortal al escorpión que cae inmediatamente tieso al suelo.

Jolín!. Rebobino las imágenes previas al golpe mortal y me doy cuenta de que el escorpión, al acercarme a coger el comedero, se había puesto en posición “no me toques las narices”. En fin, pienso, la pobre chancleta se sintió amenazada y actuó en defensa propia. 

 Tras tomarme el café y con la conciencia ecológica ya plenamente activada le expliqué tranquilamente a mi chancleta que lo que había hecho esa mañana no estaba bien. Que el pobre animalillo había reaccionado cambiando su posición a “no me toques las narices” porque se había sentido amenazado. Pero que si nos hubiéramos ido las dos, posiblemente habría cambiado a la posición “a mi rollito”. Le expliqué claramente las tres posiciones de un escorpión derivadas de una observación 100% científica en estas últimas semanas ;-P:

  1. Posición “navegación”. Cola en el suelo, pinzas hacia delante para que no se enganchen en las piedrecitas en el suelo, caminando deprisita y con aplomo en una dirección clara y en línea recta. Acción sugerida: Evitar interferir con su trayectoria. Dar media vuelta e incrementar distancia de seguridad. 
  2. Posición “a mi rollito”. Similar a la posición navegación, pero estática, como dormitando. La observación científica completa para confirmar si duerme requeriría acercar la oreja para oir si ronca (normalmente sólo funciona en los machos de la especie). Pero por respecto a la especie y para mantener la distancia de seguridad dicho análisis no se ha podido efectuar. Por lo que no puedo confirmar si efectivamente duerme o sólo está cerrando los ojitos. Pero la evidencia científica confirma que ni se mueve ni amenaza. Acción sugerida: Dar media vuelta e incrementar distancia de seguridad. 
  3. Posición “no me toques las narices”. Cola levantada con aguijón claramente visible. Pinzas delanteras también levantadas. Posiblemente, te mira mal, pero ese punto tampoco lo he podido comprobar por la mencionada distancia de seguridad  requerida. Acción sugerida: Dar media vuelta e incrementar distancia de seguridad. 

Bueno, el caso es que le estaba explicando a mi chancleta que, aunque entendía que reaccionase defensivamente ante la posición de “no me toques las narices”, no era el comportamiento correcto. Lo que había que hacer era dejarle en paz, dar media vuelta y aumentar la distancia de seguridad. 

Pensé que me había entendido y que habíamos llegado a un acuerdo. Al menos un acuerdo entre mi conciencia ecológica y la chancleta asesina. Pero he aquí que, un par de días después, cuando había bajado la guardia mi chancleta asesina volvió a atacar de nuevo. 

Las circunstancias en este caso eran distintas. Acabábamos de terminar nuestros ejercicios de yoga matutinos (pre-café) y estaba recogiendo las esterillas mientras Frank hacía la cama cuando oigo “holly shit, come” (que se podría traducir como Ostras, ven!). Me acerco a donde estaba Frank que apunta con ojos desorbitados a un escorpión que estaba en posición “a mi rollito” en las dobleces de la mantita que tenemos a los pies de la cama por si la temperatura baja de los 25 grados. Mientras pensábamos (principalmente Frank, para ser honestos) cómo sacar al escorpión de la cama y la casa veo, por el rabillo del ojo, una sombra amarilla emerger y ZAS! mi chancleta asesina asesta un primer golpe mortal al pobre escorpión y ZAS! ZAS! no contenta con eso, lo sigue golpeando en el suelo hasta que es del grosor de un folio. Sólo entonces, toma conciencia de lo que está haciendo y de la charla que tuvimos el otro día. Y para. Desafortunadamente, ya es demasiado tarde para el pobre escorpión que yace inerte a los pies de la cama. 

No hay manera.

Mi chancleta es muy linda, pero no escucha.   

Así que no me ha dejado otra alternativa que ingresarla en un centro de recuperación. Hasta que aprenda.


8 thoughts on “La chancleta asesina

  1. ¿Pero tú no ibas descalza por la vida (tropical)? ¿Cómo se coló una chancleta en tu maleta? 😀
    Vaya fauna más variopinta… ¡yo hoy he visto un pájaro! 🙂
    Por cierto, tips… cambia «consciencia« por «conciencia»… «consciencia» es lo que no tienes hasta que tomas café 😉
    Besos!

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  2. Me parto Cris.
    Este blog es lo mejor que he leído en tiempo.
    No saben los escorpiones a quién tienen de vecina. Me refiero a la chancla asesina (“Chani”). Mientras cumple su correspondiente período correccional, propongo hacer una despedida ecológica (que no falte tu conciencia) a los dos escorpiones caídos. D.E.P.
    Abrazos.

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